JESÚS. LA VIDA OCULTA

La obra fundamental para conocer al Jesús de los Apócrifos.
El lector se envuelve en una historia que lo seduce de la primera a la última página.

En esta obra, el lector tiene acceso a la historia de la vida de Jesús apoyada casi exclusivamente en las fuentes evangélicas apócrifas, es decir, no recibidas como «canónicas» o «inspiradas».

De este modo, apunta el autor, este libro presenta «al lector de un modo sistemático la imagen global de la vida oculta de Jesús que de ellas se desprende: cómo se imaginaban que habían transcurrido los avatares de esos años obscuros de Jesús los diversos autores o grupos cuyos 'evangelios' no fueron aceptados en el canon.

Así, el lector conoce la versión de los Evangelios Apócrifos sobre la vida de Jesús y una serie de temas polémicos a ella asociados y que continúan entusiasmando al público del siglo XXI. Al abordar esta temática, el autor mantiene un estricto rigor científico en una historia escrita en un lenguaje totalmente accesible al público en general y que se lee como una novela que nos fascina.

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INDICE

PREFACIO ………………………........................................... 9

PROLOGO ……………………….......................................... 13

PARTΕ PRIMERA: ΕΙ, MARCO DE LA VIDA OCULTA DE JESÚS
SEGÚN LOS EVANGELIOS CANÓNICOS……...................... 17

Capítulo Ι: Antecedentes y nacimiento de Jesús …………..... 19
Capítulo ΙΙ: Familia y formación de Jesús …………….......... 25

PARTE SEGUNDA: VIDA DE JESLIS SEGÚN LOS EVANGELIOS
APÓCRIFOS ................................................................................ 37

Capítulo ΙΙΙ: María 1a elegida..................................................... 39
Capítulo IV: Ε1 nacimiento del Salvador.................................... 51
Capítulo V: Ε1 rey Herodes......................................................... 66
Capítulo VI: Vuelta a Nazaret..................................................... 84
Capítulo VII: La muerte de José................................................ 100
Capítulo VIII: Ε1 ministerio público de Jesús.......................... 106
Capítulo ΙΧ: Jesús y el sexo......................................................... 123
Capítulo Χ: Ε1 final terreno de Jesús......................................... 139
Capítulo XI: Descenso a los infiernos......................................... 152
Capítulo ΧΙΙ: Ε1 final de Antipas y Pilato................................. 168
Capítulo XIII: Ε1 tránsito de María........................................... 173
Capítulo XIV: Las enseñanzas secretas de Jesús....................... 180

EPÍLOGO....................................................................................... 197
ΒIBLIOGRAFÍA............................................................................ 205

PROLOGO

Hace unos trece años que apareció en el mercado Ε1 otro Jesús. Vida de Jesús según los evangelios apócrifos. Después de tanto tiempo me ha parecido conveniente reformar esta obra, ο casi mejor realizar una obra en parte nueva aprovechando parcialmente los materiales útiles del trabajo antiguo. Ε1 libro que el lector tiene entre sus manos es el resultado de esta tarea de reforma: se han modificado notablemente el prólogo y el epílogo, se ha añadido una primera parte y he reformado el resto de los capítulos, añadiendo más que eliminando material. Debo señalar especialmente el capítulo dedicado a 1a relación de Jesús con las mujeres que ha sido enriquecido sustancialmente.
La intención de 1a obra presente es 1a misma que 1a anterior: mostrar qué es 1ο que puede saberse de 1ο que se ha denominado la «vida oculta de Jesús», es decir, el período que νa desde su nacimiento hasta el momento de su aparición pública en 1a escena de Galilea «el año décimo quinto del reinado del emperador Tiberio» (Evangelio de Lucas 3,1).
La fiabilidad de las fuentes de las que nos servimos para obtener los datos que precisamos es muy variada. Para 1a primera parte contamos con los ofrecidos, directa ο indirectamente, por los evangelios más antiguos, los llamados «sinópticos», Mateo, Marcos y Lucas. Éstos son, sin duda, obras de propaganda religiosa, y por tanto sospechosos de sesgar los datos ο de exageración, pero su talante es fundamentalmente histórico: están empeñados en ofrecer a sus lectores los datos básicos, históricos y reales, de 1a vida del héroe principal de 1a historia, Jesús de Nazaret. Con paciencia, ayudados por las herramientas y criterios de 1a crítica que se han ido desarrollando durante los últimos doscientos años, es posible obtener algunos datos para enmarcar 1a vida oculta de Jesús. Aunque algunos, ο bastantes, datos sean deducciones hipotéticas, en líneas generales puede decirse que los resultados corresponden a1 nivel medio de 1ο que 1a investigación actual considera como razonablemente seguro.
Para la segunda parte, 1ο que es ya propiamente 1a «vida» de Jesús en esos años ocultos, contamos con otro tipo de fuentes: los evangelios apócrifos. Éstas son obras muy posteriores en años a los evangelios sinópticos, es decir, están mucho más alejadas cronológicamente a los hechos que narran (1a mayoría proceden de los siglos ΙΙΙ al VII), por 1ο que sus autores se dejan llevar a menudo por su fantasía e imaginación. Una mera lectura comparativa entre estos apócrifos y los evangelios sinópticos basta para percibirlo. Salvo unos pocos datos de los evangelios no canónicos más antiguos, el papiro Egerton 2, el papiro de Oxirrinco 840, el Evangelio copto de Tomás, y algunos cuantos más, las noticias sobre 1a vida oculta de Jesús han de considerarse con gran cuidado y someterlas al escrutinio de 1a crítica. Mas, por otro lado, los evangelios apócrifos ofrecen muchos detalles de 1a vida de Jesús que no aparecen en los evangelios canónicos primitivos, por 1ο que uniéndolos se puede dibujar una pintura de esa vida mucho más enjundiosa y rica en detalles. Otra cosa es que puedan aceptarse como históricos. En muchos momentos tales fuentes contienen informaciones imposibles de casar entre sí, pues son simplemente contradictorias. En tales casos hemos optado por seguir 1a línea más general de entre el fárrago de documentos, ο 1a tendencia más sugerente.
Las vidas de Jesús según el relato de los evangelios canónicos se cuentan por centenares desde 1a Edad Medía. Las modernas vidas-ficción, novelas auténticas ο a medías, frutos casi en su totalidad de la imaginación de sus autores, son también muy numerosas(1), y en nuestro tiempo se han multiplicado sobremanera. Pero, a nuestro entender, no existe todavía ninguna «vida de Jesús» que se apoye casi exclusivamente en las fuentes evangélicas apócrifas, es decir no recibidas como «canónicas» ο «inspiradas». La segunda parte de este libro pretende colmar este hueco y presentar a1 lector de un modo sistemático 1a imagen global de la vida oculta de Jesús que de ellas se desprende: cómo se imaginaban que habían transcurrido los avatares de esos años obscuros de Jesús los diversos autores ο grupos cuyos «evangelios» no fueron aceptados en el canon. Como dijimos, algunos de estos escritos no aceptados en 1a lista de libros sagrados son realmente vetustos pues proceden de mediados del s. ΙΙ d. C., y sus autores pudieron manejar tradiciones que en algún aspecto competían con las canónicas debido a su venerable antigüedad.
Hay actualmente un gran interés por conocer detalles más ο menos recónditos de esta vida oculta de Jesús. A 1a vez hay mucha gente que opina que estos detalles, y las obras que los contienen -los evangelios apócrifos- han sido escamoteados sistemáticamente por las iglesias cristianas, en especial 1a católica. Puedo adelantar a1 lector que esto no es verdad, puesto que los restos de los escritos evangélicos apócrifos -a veces obras enteras, otras algunos fragmentos de ellas, en algunos casos sólo los títulos- han sido publicados en todos los idiomas cultos. En muchas ocasiones han sido autores eclesiásticos, con las bendiciones de sus iglesias respectivas, los que han editado estos textos. Por tanto, son perfectamente accesibles y legibles por cualquiera que tenga interés. En castellano tenemos dos colecciones que ofrecen a los lectores ávidos todo el material disponible actualmente (2).
Leyendo las páginas que siguen, el lector observará y juzgará por sí mismo en qué grado pueden los evangelios apócrifos enriquecer o cambiar 1a imagen que de Jesús se puede uno formar leyendo críticamente las fuentes que informan sobre este personaje aceptadas como canónicas, es decir, fundamentalmente los tres primeros evangelios, los de Mateo, Marcos y Lucas. ¿Es realmente más atractiva 1a imagen de Jesús de los evangelios apócrifos que 1a ofrecida por los evangelios canónicos? Cuando se llegue a las páginas finales de este libro nos volveremos a plantear de nuevo 1a misma cuestión casi con las mismas palabras. Tanto el autor como los lectores podrán sin duda responderla.
En 1a segunda parte no voy a poner de mi imaginación casi nada que no esté sustentado en los textos de los evangelios apócrifos. Ε1 lector encontrará en las breves notas a pie de página una sucinta información de 1a fuente que apoya cada una de nuestras afirmaciones; con ello podrá controlarlas e incluso ampliarlas. Sí me he tomado el esfuerzo de añadir un capítulo que en vano se encontrará de modo sistemático en ninguno de nuestros evangelios apócrifos; con un lenguaje 1ο más diáfano posible -dada 1a densidad de las ideas- he procurado aclarar cuál es el núcleo de las doctrinas esotéricas que trajo a los hombres este otro Jesús. Así pues, en el capítulo final, «Las enseñanzas secretas de Jesús», encontrará el lector una síntesis de las claves que explican 1a «gnosis» -ese mensaje reservado y oculto para 1a mayoría que aporta el otro Jesús, el Revelador gnóstico- tal como 1a entendieron y propalaron especímenes muy notables de las obras apócrifas.
Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid

1 Cf. Ε. Miret Magdalena, «Modernos evangelios apócrifos. ΕΙ Jesús de la ciencia- ficción», en A. Piñero (ed.), Las fuentes del Cristianismo. Tradiciones primitivas sobre Jesús. Córdoba (Ε1 Almendro) 1992, cap. 12
2. Véase en 1a Bibliografía la mención a 1a obra de Aurelio de Santos Otero y a la edición de los Textos gnósticos de Nag Hammadi de A. Piñero-José Montserrat -F García Bazán.

CAPITULO I

ANTECEDENTES Υ NACIMIENTO DE JESÚS

¿Cuándo nació Jesús?

Según el Evangelio de Lucas, tendríamos una idea bastante exacta de cuándo nació Jesús puesto que éste vio 1a luz en los días «en los que salió un edicto de César Augusto para que se empadronara todo el mundo. Este empadronamiento tuvo lugar siendo Cirino, ο Quirino, gobernador de Siria» (2,1).
Pero nuestro gozo se convierte en dificultades cuando caemos en 1a cuenta de que, con los datos de 1a historia antigua que poseemos, no nos es posible fechar este censo, tal como 1ο presenta el evangelista Lucas.
En primer lugar: los antiguos anales del Imperio Romano no nos han conservado ninguna noticia de este censo universal durante el reinado de Augusto, lo cual lo hace muy improbable. Es sumamente extraño que ninguna fuente histórica de 1a antigua Roma imperial se haya hecho eco de un acontecimiento tan importante como un empadronamiento universal.
Lucas dice que este censo ocurrió siendo gobernador de Siria Quirino y que a 1a vez eran los tiempos del rey Herodes. Ahora bien, 1a situación que resulta de esta doble afirmación es inverosímil. ¿Cómo iba a permitir este monarca soberano que un legado de Augusto hiciera un censo en su territorio? Según las leyes romanas del momento, Herodes era un monarca «socio y amigo del pueblo romano». Por tanto, no podía el Imperio hacer un censo en su territorio sin su consentimiento. Conocemos muy bien 1a vida de Herodes gracias a1 historiador judío Flavio Josefo y no tenemos ninguna noticia de tal censo.
Ε1 único empadronamiento que se llevó a cabo fue precisamente cuando muerto Herodes, Arquelao, su hijo, fue depuesto por Augusto y Judea pasó a ser provincia imperial. Entonces hubo necesidad de censar a 1a gente para que pagara sus impuestos a los nuevos amos. Ello ocurrió efectivamente en el 6/7 d.C., y el tal censo fue ejecutado por el gobernador de Siria Qurino. Por tanto, ¡unos diez años después del nacimiento de Jesús, no en el mismo año!
Por último, la razón dada por el evangelista (necesidad de que José se trasladara a Belén, a1 lugar de donde procedía la familia, es decir un censo tribal) es también inverosímil. ¿Por qué? Porque un empadronamiento tenía motivos fundamentalmente impositivos, de pagos a 1a hacienda imperial. Cada uno debía censarse y pagar sus tasas allí precisamente donde residía, no en donde era oriunda su familia.
Este conjunto de razones nos lleva a estimar como probable -contra 1a noticia de Lucas- el que Jesús no naciera durante los años que fue gobernador de Siria Quirino, sino antes.

Jesús nació «antes de Cristo»

La formulación de este apartado ha de tomarse a1 pie de 1a letra: el año 1 de 1a era cristiana debería empezar unos años antes. Presuntamente Jesús nació el 25 de Diciembre del año «cero» (el anterior al primero) de la era que toma su nombre. Computado de acuerdo con 1a costumbre romana -es decir, numerar los años desde el momento de 1a fundación de Roma-, este año sería el 753 AUC (Ab Urbe condita: «desde 1a fundación de 1a Urbe»). Ε1 año 1 de 1a era cristiana sería el 754 AUC.

Este cómputo, sin embargo, es incorrecto. Ε1 evangelio de Mateo nos dice (2,1) que Jesús nació durante el reinado de Herodes el Grande y que éste tardó cierto tiempo (probablemente poco menos de dos años) en tomar 1a decisión de acabar con todos los niños de Belén para quitar de en medio a un posible pretendiente a1 trono (Εy. de Mateo 2,16).
La cronología de 1a historia antigua nos enseña que Herodes el Grande murió en el año 27 del principado de César Augusto, es decir el 4 antes de Cristo. Sí a estos cuatro años añadimos uno ο dos, los que Jesús vivió en Belén antes de 1a matanza de los inocentes, tenemos que ¡Jesús nació en el año 6 ο 5 antes de Cristo!
¿Por qué ocurre esto? La respuesta tiene que ver con 1a manera de contar los meses en las Iglesias de Occidente y de Oriente respecto a la fecha de la Pascua, porque coexistían dos calendarios: el solar para computar los años y el judío, lunar, para la fecha del Viernes Santo, que debe coincidir con una luna llena en los meses de marzo ο abril. Υ las Iglesias no se ponían de acuerdo con sus cómputos, por 1ο que celebraban 1a Pascua en días diferentes.
Hacia el 531 se veía que las diferencias eran ya muy grandes. Entonces el papa Julio Ι encargó a un experto en cronología, un monje que vivía en Roma, llamado Dionisio el Exiguo, que hiciera los estudios pertinentes para establecer un sistema común de cómputo de modo que toda 1a cristiandad celebrara 1a Pascua en el mismo día. Hasta ese momento 1a Iglesia de Roma computaba los años de acuerdo con 1a costumbre general del Imperio romano, a saber desde el momento que se había fundado 1a ciudad de Roma, con 1a variación, sin embargo, de que a partir del reinado del emperador Diocleciano (254-313 d. C.; emperador durante 284-313) se acostumbraba a numerar los años no desde la fundación de la ciudad, sino desde el comienzo de su gobierno: la era diocleciana.
Cierto día, mientras daba vueltas a sus cuestiones de cronología, tuvo una ocurrencia que le pareció absolutamente feliz: ¿por qué los cristianos tenían que nominar sus años según el reinado de un emperador pagano, y encima un cruel asesino de los creyentes? ¿Por qué no contar los años comenzando desde el momento en el que Jesús, el Salvador, había iniciado su vida terrena?
La idea le pareció acertadísima. Dionisio tomó como fecha de nacimiento de Jesús el 25 de Diciembre, fiándose de una tradición ya inveterada en su época. Por medio de estudios comparativos (el procedimiento usual) y retrocediendo en el tiempo, el Exiguo fijó 1a fecha del nacimiento de Jesús en los últimos días del añο 753 de 1a fundación de Roma (el 1 de Enero del año 754 sería el primero de 1a era cristiana: Jesús tendría en ese momento ocho días). Éste fue su error. De acuerdo con 1a cronología de Herodes el Grande que hemos mencionado, este rey murió en el 750 AUC. Por tanto Jesús debió nacer en el 748 ο 749, uno ο dos años antes. De aquí los cinco ο seis años de diferencia... ¡que duran hasta hoy!
Aparentemente, el monje Dionisio no se percató de su equivocación y- entregó sus resultados al papa Julio Ι. La difusión de su obra Sobre la Pascua, comenzó en extender entre las gentes la nueva manera de computar el tiempo de acuerdo con 1a fecha del nacimiento de Jesús.
[Aparentemente, Dionisio no se percató de su equivocación y entregó sus resultados a1 Papa. La difusión de su obra Sobre la Pascua, comenzó por extender entre las gentes 1a nueva manera de computar el tiempo de acuerdo con 1a fecha del nacimiento de Jesús]

Ε1 eminente arqueólogo Dimas Fernández Galiano estima poco probable que un erudito como el Exiguo cometiera involuntariamente este error. Según este estudioso español, Dionisio se movió por consideraciones teológicas sobre 1a simbología de los números para escoger voluntariamente el año 754 de 1a fundación de Roma como primer año de la era cristiana.
Ε1 Exiguo habría dado todo su valor simbólico a1 número 7, bien conocido como santo y de extraordinarias propiedades ya desde Babilonia, y a127 (27 + 27 = 54). Ε1 número 27, como múltiplo del 3 y del 9, desempeñaba un papel muy importante en 1a Antigüedad dentro de la explicación de 1a constitución del mundo desde 1a obra de Platón, el Timeo. Υ el número 27 era fundamental en todas las proporciones de los edificios sagrados y públicos en 1a arquitectura romana. Bajo esta luz el número 7(00) + 27 + 27 era mucho más significativo que el 748 ο el 749 para designar ese cambio importantísimo en 1a historia del mundo, 1a venida del Salvador Jesús. Así que Dionisio tomó 1a decisión, en contra de 1a cronología, de hacer coincidir el nacimiento de Jesús con el número sagrado más cercano.
Sea de esta interpretación 1ο que fuere, 1ο cierto es que esta manera de computar los años de acuerdo con el presunto nacimiento de Jesús se fue imponiendo lentamente, y hacia el siglo ΙΧ toda 1a cristiandad había cambiado su manera de contar los años... hasta hoy en que mantenemos ese desfase de cinco ο seis años respecto a 1a fecha exacta en la que debió de nacer Jesús.

El día del nacimiento de Jesús

Estrictamente nada sabemos a1 respecto, porque 1a fecha del 25 de Diciembre es arbitraria. En el siglo ΙΙΙ 1a Iglesia de Roma tomó 1a decisión de designar como fecha de nacimiento de Jesús el día del Sol invicto, el solsticio del invierno, el momento en el que el Sol -el día- comienza a tener más minutos sobre las tinieblas, 1a noche: 1a luz vence a 1a oscuridad. Cristo, la luz derrota a las tinieblas de 1a increencia. Además, los creyentes en el dios Mitra celebraban también el nacimiento de esta divinidad el 25 de diciembre. A1 adoptar oficialmente como día del nacimiento de Jesús esa fecha se le estaba diciendo a 1a gente que Jesús era de verdad el Sol victorioso, el verdadero dios Mitra. Así se obligaba a los recién convertidos del paganismo a olvidarse de los dioses paganos y a celebrar en ese día el nacimiento de Jesús.
Sí hacemos caso a1 Evangelio de Lucas (2,8), en el momento del nacimiento de Jesús había cerca unos pastores «que pernoctaban a1 raso y de noche se turnaban velando sobre su rebaño». Si dormían a1 aire libre, era porque no hacía mucho frío; por tanto no era invierno riguroso (25 de diciembre). Jesús debió de nacer en otro mes del año.

¿Dónde nació Jesús?

Mateo y Lucas nos dicen que Jesús nació en Belén, mientras que los otros dos evangelistas presuponen que su nacimiento ocurrió en Nazaret. Ésta era una tradición bien asentada, pues a Jesús jamás se le llamaba «Jesús de Belén», sino «de Nazaret», y éste era el modo de expresar en 1a antigüedad el lugar de nacimiento. Juan 7,41 muestra que algunos del pueblo dudaban de que Jesús fuera el mesías precisamente porque no era nacído en Belén: « ¿Acaso va a venir de Galilea el Mesías? ¿ No dice la Escritura que el Cristo (= Ungido; Mesías) vendrá de 1a descendencia de David y de 1a ciudad de Belén?».
Es más verosímil pensar que 1a verdad histórica se encuentra en 1a tradición representada por Juan y Marcos (Marcos 6,1.4; Juan 1,46; 7,41-42. 52; cf. indirectamente Mateo 13,54.57; Lucas 4,23-24, donde se habla de Nazaret como de 1a «patria» de Jesús): Jesús nació en Nazaret con bastante seguridad, y sólo después, cuando se creyó firmemente que era el mesías, se compuso 1a historia de su nacimiento en Belén para hacerlo coincidir con las profecías... y se cumplieran así las Escrituras. Pero esto fue una historia que cada uno contaba como podía: Mateo hace vivir a los padres de Jesús por aquellos días en Jerusalén, mientras que Lucas los presenta morando en Nazaret y trasladándose a Belén a causa de un censo imperial.

Nazaret

Si aceptamos que el lugar de nacimiento de Jesús fue Nazaret, podemos preguntarnos qué sabemos en 1a antigüedad de esta villa. La respuesta es decepcionante ya que Nazaret no aparece nombrado una sola vez ni en el Antiguo Testamento, ni en 1a literatura judía de 1a época (tanto escritοs apócrifos de 1a Biblia como en otros, textos de Qumrán, etc.), ni en los historiadores tanto judíos como paganos. Sólo sabemos por las excavaciones arqueológicas que era un lugar de asentamiento humano desde 1a Edad del Bronce, de tradición agrícola, y que en época de Jesús pudo tener todo lo más unos mil quinientos habitantes.

¿Quiénes eran los antepasados de Jesús?

En los evangelios se afirma repetidas veces que Jesús era «hijo» es decir descendiente de David. Para fundamentar la verdad de esta afirmación puesto que algunos de sus contemporáneos albergaban serias dudas (véaseΜc 12,35-37) los «evangelios de 1a infancia» presentan dos genealogías de Jesús. Una descendente, que parte de Abrahán (1a de Mateo); otra ascendente (de Lucas) que parte de José y llega hasta Adán y Dios. Pero estas dos genealogías son tan diferentes que contienen graves problemas desde el punto de vista histórico. Las diferencias son, brevemente, las siguientes:
De Abrahán hasta David ambas listas coinciden. Pero Lucas introduce aquí dos personajes, Arní y Admín, absolutamente desconocidos en la Biblia.

Desde David hasta 1a época del destierro en Babilonia, Mateo menciona 15 nombres y Lucas 21. Pero, ¡ aparte de David, no coinciden en ninguno!

Desde el exilio hasta el momento del nacimiento de Jesús, Mateo incluye 14 nombres y Lucas trae 22. En este bloque sólo hay coincidencias en nombrar a dos personajes, Sealtiel y Zorobabel. Pero los padres, ο los hijos de esos dos personajes son distintos en las dos genealogías. Ni una ni otra lista (Mateo - Lucas) coincide con las genealogías del Antiguo Testamento para los personajes que se nombran.
La genealogía de Mateo, compuesta de tres grupos de catorce, parece totalmente artificiosa, tanto que se ha pensado que el evangelista utiliza aquí un procedimiento usual judío de interpretación de 1a Escritura que se llama gematría, es decir jugar con el valor numérico de las letras hebreas. Las tres consonantes que forman el nombre de David representan en hebreo el número 14. Mateo compuso entonces artificialmente su genealogía para demostrar que los tres grupos de antepasados -en número de catorce precisamente- indican que Jesús es descendiente de David.
Es evidente, por tanto, que nos hallamos ante dos genealogías totalmente distintas cuyas contradicciones han preocupado enormemente a 1a Iglesia en tiempos pasados y que han suscitado muchos intentos de solución. Pero en vano. Lo mejor es pensar en un problema irresoluble en términos de pura historia. Aquí se ve claro que 1ο importante era sólo 1a intención teológica de los evangelistas, no 1a verdad histórica. Al igual que
otras genealogías tendenciosas que encontramos en el Antiguo Testamento -más artístico-literarias que históricas- Mateo pretendía mostrar con 1a suya que Jesús era el mesías davídico; Lucas, por su parte, que Jesús es el Hijo de Dios. Pero las dos genealogías son ficticias.
Por tanto, no sabemos sí 1a tradición cristiana de que Jesús era «hijo de David» es rigurosamente histórica.

EPÍLOGO

Aparte de las enseñanzas secretas de este otro Jesús de los evangelios apócrifos, 1a historia se acaba con el mismo personaje, María, 1a madre del Nazareno, por 1a que comenzó páginas atrás. Muchas de las anécdotas, milagros de Jesús y otras narraciones que se hallan transcritas en las páginas anteriores serán, sin duda, conocidas de los lectores ο, a1 menos tendrán de ellas algunas reminiscencias en el trasfondo de su memoria. Este hecho nos indica 1a trascendencia e importancia que los evangelios apócrifos han tenido a 1ο largo de la historia de los primeros siglos de la Iglesia, y cómo esta tradición se ha ido repitiendo a través de los siglos hasta llegar a nuestros días. La liturgia, las creencias en torno a S. José y la Virgen María, la teología popular de muy diversos estamentos dentro de 1a Iglesia, el desarrollo de 1a dogmática... todos estos campos se ven reflejados en las tradiciones que contienen los relatos apócrifos evangélicos.
En el alumbramiento de 1a literatura apócrifa evangélica -y en los apócrifos de la Biblia en general- desempeñaron un gran papel las apetencias del pueblo sencillo. En 1a mayoría de los casos, cuando ya se habían asentado como canónicos los evangelios llamados «sinópticos» (Mateo, Marcos, Lucas), el pueblo cayó en 1a cuenta en seguida de que esos escritos contenían muy poca información sobre Jesús en puntos que podían parecer interesantes. Sobre todo, los primeros años de Jesús y su vida oculta apenas si habían sido rozados por Mateo y Lucas; ¡Juan y Marcos los ignoraban en absoluto! Ε1 deseo de rellenar esa y otras lagunas se puso en marcha, y para ello ayudaba cierta tradición literaria. La costumbre de imitar los libros bíblicos se remontaba, en ámbito judío, a épocas muy anteriores a1 surgimiento del Nuevo Testamento. Baste pensar en 1a riquísima literatura religiosa judeohelenística (siglos ΙΙΙ a. C.- siglo Ι d.C.) que hoy denominamos apócrifos del Antiguo Testamento. Ejemplos muy característicos son el libro de los Jubileos, que reescribe el Génesis ο los libros 3° y 4° Esdras, que amplían temas referentes a1 famoso y docto escriba.
Así pues, los cristianos, herederos de los judíos también en este ámbito, no tuvieron muchos problemas en rellenar con sus propios escritos las carencias de los evangelios oficiales. Una frase volandera del Evangelio de Juan ofrecía 1a justificación y el trasfondo genérico de los impulsos que llevaron sin duda a crear bastantes de los evangelios apócrifos. Escribe así el autor evangélico: «Muchas otras cosas hizo Jesús que no están escritas en este libro. Si se escribieran una por una, pienso que los libros sobre ellas no cabrían en el mundo» (21,25).
Con toda seguridad, tampoco hay que descartar como uno de los estímulos que condujeron a 1a creación literaria de obras relacionadas con la vida y misión de Jesús el deseo de dar cuerpo a creencias propias por parte de algunos grupos marginales cristianos, a los que luego se llamó «herejes». Para defender sus ideas componían un «evangelio» que presentaba a1 Jesús que más convenía a 1a interpretación que daban de este Jesús y de sus doctrinas. Así propalaban sus ideas religiosas por medio de libros «apócrifos», es decir revelaciones y perspectivas sobre Jesús ocultas y esotéricas.
Del mismo modo, otros se verían movidos por el afán de oponerse a las ideas de esos mismos grupos, poco a poco considerados como heréticos por el conjunto principal de los creyentes. Por ello, a su vez, podían componer un «contraevangelio» para defender las ideas ortodoxas. Un dicho de Jesús, una escena de su vida, una revelación secreta que se hace pública en el momento oportuno podían servir quizás de freno a 1a proliferación de ideas estimadas como no ortodoxas.
Por último, respecto a unos pocos evangelios apócrifos, y en consideración a 1a fecha de composición bastante temprana de algunos de ellos (hacia mediados del s. ΙΙ), no puede descartarse sin más que fueran colecciones de tradiciones orales sobre Jesús que no tuvieron la suerte de ser reconocidas y aceptadas generalmente por el común de los creyentes, como les había ocurrido a los llamados sinópticos y a1 evangelio de Juan. Pero, debemos insistir, estos evangelios debieron ser muy pocos, diría que casi ninguno.

Desgraciadamente para estos escritos, 1a mayoría de los cristianos caía en 1a cuenta que casi todos ellos había nacido demasiado tarde (desde finales del s. ΙΙ hasta el IV y más adelante), en unos tiempos en los que las líneas directrices que iban a regular definitivamente la aceptación en 1a lista de escritos sagrados de los cristianos estaban ya suficientemente formadas. La pretensión de canonicidad, es decir, de ser considerados sagrados, de estas obras se vio frustrada simplemente porque no podían ofrecer ninguna garantía cronológica, a1 menos indirecta, de haber sido compuestas por ο en tiempo de los primeros apóstoles. Hacía los años 180-200 1a mayoría de las iglesias habían hecho una selección consciente de cuáles eran los textos «canónicos». En torno a1 200 estaba ya prácticamente formado el canon actual del Nuevo Testamento (con algunas vacilaciones respecto a Hebreos, Apocalipsis, 2a Pedro/Judas, Santiago y 2a y 3a- Epístolas de Juan), y se había decidido qué escritos eran rechazados como «falsos» ο «espurios» y cuáles eran «discutidos» (1) .
Pero el hecho de no ser una literatura «aceptada» por 1a Iglesia, es decir, de no ser «sagrada», no afecta a 1a importancia de estos evangelios apócrifos venerables por su antigüedad. Para 1a historia de 1a teología, de 1a cultura y de los movimientos religiosos son una fuente inestimable que nos proporciona conocimientos sobre las tendencias populares dentro de 1a Iglesia, sobre 1a evolución de 1a teología en ámbitos no rígidamente controlados por la jerarquía oficial, junto con las espontáneas preocupaciones espirituales del pueblo cristiano. La historia de 1a Iglesia, la de la liturgia y religiosas en general tiene mucho que aprender de estos «archivos» apócrifos como portadores de muy diversas tradiciones, algunas de las cuales se han mantenido vivas hasta hoy día. Υ por si esto fuera poco, los apócrifos son muchas veces el único testimonio de una fe popular que se ha convertido en dogma con el correr del tiempo.

Εl camino de llegada hacia nosotros de este tipo de literatura ha sido muy variado, y no siempre fue 1ο normal 1a transmisión directa de los textos mismos. En Occidente, en general, los apócrifos se abrieron paso con mucha mayor dificultad que en Oriente. Finalmente, al ser traducidos casi todos ellos a1 latín, encontraron una vía de difusión en todas las naciones o literatura popular los evangelios apócrifos ejercieron un notabilísimo influjo en 1a producción literaria, en el arte y 1a iconografía europeos posteriores, sobre todo en 1a Edad Medía. Aunque en esta época ya se había perdido el texto original de muchos de ellos, circularon reelaboraciones y manipulaciones. La literatura hagiográfica de 1a Edad Media se nutrió sobre todo de los apócrifos. En el área bizantina, los menologios y vidas de santos con reminiscencias de nuestros textos gozaron de notable difusión. En 1a tradición latina se conservaron directamente algunos apócrifos como el Protoevangelio de Santiago y algunos otros sobre 1a Dormición de María, pero sobre todo pequeñas historietas ο leyendas sobre Jesús que circularon a través de las reelaboraciones del Speculum Historiale de Vicente de Beauvais y de 1a Leyenda Áurea de Jacobo de Vorágine. En las diversas iglesias locales, como 1a irlandesa, copta, siria, armenia, georgiana ο etíope, estos apócrifos continuaron viviendo en innumerables traducciones, y hoy día 1a investigación comienza a encontrar y valorar múltiples manuscritos que vuelven a sacar a 1a luz esta tradición casi perdida sobre todo tras 1a Reforma y el Concilio de Trento (2).

En 1a evolución y afianzamiento del dogma han desempeñado los evangelios apócrifos un papel no desdeñable, como señalan entre otros L. Moraldi (3) y A. de Santos (4): 1a virginidad de María (Evangelios de 1a natividad), el descenso de Cristo a los infiernos tras su muerte para rescatar a las almas de los patriarcas y justos fallecidos antes de su venida (Evangelio de Nicodemo), 1a asunción de 1a Virgen (Evangelio de Juan el teólogo; Evangelio de José de Arimatea), «los nombres que damos a los padres de 1a
Virgen, Joaquín y Ana.... la fiesta de 1a Presentación de 1a Virgen niña; el nacimiento de Jesús en una cueva en 1a que no faltan nunca el buey y el asno, 1a huída a Egipto, con los ídolos que se derrumban, los tres reyes Magos, con sus nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar, 1a historia de los ladrones Dimas y Gestas (crucificados a1 lado de Jesús), el nombre del soldado que atravesó con una lanza el costado de Jesús, a quien llamamos Longinos, 1a historia de 1a Verónica... éstos y otros detalles... no descansan sobre otro fundamento histórico que el de las narraciones de los (evangelios) apócrifos»(5).
De 1a lectura edificante desde el Medioevo pasaron muchas de estas historias a libritos de divulgación religiosa y a1 púlpito... casi hasta hoy día. Este último fenómeno explica el que a personas mayores iletradas les «suenen» estas narraciones como materia conocida. Hoy precisamente, con un nuevo tipo de predicación y de lectura espiritual, es cuando comienza a perderse entre el pueblo esta tradición antiquísima, recogida de modo sistemático desde tiempos inmemoriales.

Pues bien, son estos antiguos archivos, ο manuscritos, algunos de ellos escritos hace unos mil ochocientos años, los que nos han proporcionado 1a materia para trenzar el hilo y 1a trama de 1a segunda parte de 1ο que anteriormente se ha leído, con alguna pequeña excepción, por ejemplo 1a sección primera del capítulo VIII que trata del tema «Jesús y el sexo». Ahí hemos distinguido bien qué puede saberse sobre esta cuestión leyendo entre líneas los evangelios aceptados como canónicos por 1a Iglesia, ο formulando deducciones razonables de algunas de sus perícopas, cuyo significado no queda tan claro como se desearía.
Quien esto escribe vuelve a asegurar a1 lector que para 1a segunda parte de este libro, a partir del capítulo ΙΙΙ, ha procurado ser por entero fiel a1 texto de los antiguos documentos, hoy apócrifos, sin añadir ni quitar si no aquello que parecía necesario para hacer legibles, dieciocho siglos después, todas estas narraciones. Υ salvo que las secas arenas de Egipto, u otros desiertos del medio Oriente, nos proporcionen nuevos descubrimientos de papiros ο manuscritos, 1ο aquí transcrito es 1a sustancia de todo de 1ο que hoy disponemos para trazar una imagen de 1a vida oculta de ese 'otro Jesús', de ese Jesús que se desprende de estos documentos evangélicos no reconocidos por las iglesias como «sagrados».
Otra cosa muy distinta es 1a cuestión de 1a historicidad de los documentos utilizados para 1a segunda parte. Quien esto escribe opina -con 1a inmensa mayoría de los investigadores- que no son documentos históricos. Son leyendas populares, unas veces forjadas anónima y vulgarmente; otras, compuestas conscientemente como leyendas en 1a soledad de algún escritorio por alguna persona consciente de estar fabricando historietas edificantes. La principal razón para no atribuirles valor histórico es su escritura tardía. Habían pasado ya tantos años desde 1a muerte del maestro Jesús, que de los años de su vida oculta no quedaba ningún testimonio fiable..., entre otras razones porque no se empezaron a recoger noticias sobre Jesús sino después de su muerte y cuando empezó su culto como persona trascendental, relacionada con 1a divinidad de algún modo, para la historia de 1a salvación de 1a humanidad. En esos momentos no quedaba memoria fiel de los años de su infancia -sin importancia práctica para los creyentes- ο de los otros momentos de su vida oculta, puesto que no habían tenido trascendencia para su predicación. Por tanto, 1a inmensa mayoría de 1ο que se escribió sobre su vida oculta se debió a 1a fantasía y leyenda de quienes compusieron estos escritos que hoy denominamos «evangelios apócrifos».
La gran batalla por 1a imagen de un Jesús «canónico» se dio justamente entre los diversos grupos de cristianos desde el momento mismo en el que empezaron a difundirse estos documentos para muchos sospechosos -en torno a mediados del siglo ΙΙ-, documentos que hacían 1a competencia a los evangelios que iban adquiriendo el rango de canónicos ο sagrados: los de Marcos, Mateo y Lucas, por una parte, y más tarde el de Juan. Por parte de los ortodoxos hubo desde entonces, y hasta los siglos VI-VIII, una lucha a muerte por aniquilar a los apócrifos y desterrarlos de las iglesias oficiales. A veces se intentaba también manipularlos y expurgarlos sustituyendo las antiguas versiones por otras más concordes con el pensamiento teológico ortodoxo. Pero este proceso concluyó hace muchos siglos, y salvo pequeños fragmentos y retazos «heterodoxos» -debidos sobre todo a citas de Padres de 1a Iglesia y a1 descubrimiento en el siglo XX de nuevos manuscritos como los de Nag Hammadi- lo que hoy nos queda de esos documentos apócrifos en diversas lenguas antiguas ha pasado ya hace cientos de años por un filtro de ortodoxia.
Hoy día asistimos a un cierto resurgimiento del interés por 1a literatura apócrifa neotestamentaria, en especial por los evangelios. Mucho de ello se debe, en círculos esotéricos ο afines de nuestros días, a1 deseo morboso de encontrar en este corpus de escritos no admitidos como sagrados por 1a Iglesia oficial, algunas verdades, más ο menos interesantes ο comprometídas, que esa misma Iglesia, sobre todo 1a católica, habría pretendido ocultar a 1a vista de los fieles. Además algunas personas creen poder encontrar en 1a enseñanza secreta de Jesús, que parcialmente transmiten algunos apócrifos sobre todo los de Nag Hammadi y afines, 1a cara oculta de Cristo.
Frente a este interés se debe insistir en varías cosas. Primera: estos textos apócrifos no pueden hoy ocultarse. Son manuscritos conservados en museos e instituciones públicas; no son ya propiedad de las iglesias cristianas, sino de las ciencias de 1a Antigüedad -1a filología y 1a historia antigua- que deben estudiarlos, y de hecho 1ο hacen, como cualesquiera otros documentos que nos han legado los pasados siglos en Occidente. Segunda, como 1a Iglesia libró y ganó 1a batalla contra ellos sobre todo a partir del siglo IV hoy día no tiene interés ninguno en mantenerlos ocultos. Es más, 1a inmensa mayoría de las ediciones modernas de los evangelios apócrifos está realizada por eclesiásticos con las bendiciones de los obispos respectivos. Tercera: es importante tener en cuenta 1a fecha de composición de los evangelios apócrifos. Como hemos afirmado ya, 1a inmensa mayoría son muy tardíos, y los más antiguos de todos, como el Evangelio gnóstico de Tomás y el Protoevangelio de Santiago, son en su forma actual a1 menos posteriores cronológicamente a 1a composición de los evangelios aceptados como canónicos. Da 1a casualidad que los escritos de Marcos, Mateo, Lucas y Juan son los evangelios probadamente más antiguos de todos los que se conocen. Sólo este dato coloca de inmediato a estas obras apócrifas evangélicas en el rango de 1a literatura de ficción, a 1a vez que arroja luz sobre el valor y trascendencia de estos textos: en verdad casi sólo valen para 1a historia de 1a teología y de las ideas religiosas del siglo ΙΙ, ο posteriores a él, y no para desvelar auténticos secretos de 1a vida de Jesús ο de los orígenes del cristianismo.
Υ una última y clara consecuencia: prácticamente toda 1a segunda parte de este libro, que está basada en los evangelios apócrifos -menos, como dijimos, 1a primera sección del capítulo ΙΧ- es pura ficción: no corresponde a ningún Jesús de 1a historia, sino a uno legendario, a veces desagradable. Υ si 1a imagen de Jesús que de estos evangelios apócrifos se desprende es 1a que hemos intentado presentar a nuestros lectores, podemos preguntarnos tal como indicamos en el Prólogo: ¿es éste «otro Jesús» -muy diferente en verdad a1 que conocemos comúnmente- más interesante y complejo que el que se trasluce a través de 1a lectura crítica de los evangelios reconocidos como oficiales? ¿Resultaría hoy productivo y operante esconder ο escamotear estos documentos apócrifos a los ojos de los «cristianos de a píe» como sí 1a imagen del Jesús que de ellos se desprende fuera una maravilla por contraste con 1a que nos proporcionan otros textos antiguos aceptados como canónicos por el común sentir de las iglesias cristianas? A1 lector le toca juzgar y responder a estas cuestiones aunque el autor se ha expresado ya con claridad.
Así pues, quien esto escribe deja 1a última palabra a1 lector. En 1a segunda parte de este libro el autor no tiene ningún interés personal por esta imagen -todo 1ο contrarío-, sino que se ha limitado a recomponer la historia que de modo confuso, deslabazado, repetitivo y hasta cierto punto notablemente aburrida nos presenta el abigarrado conjunto de nuestros apócrifos evangélicos. Es muy posible que se perciba así gráficamente que el acercamiento a1 Jesús de 1a historia, el único que en verdad interesa, debe hacerse a través de los documentos más cercanos cronológicamente a Jesús, los evangelios canónicos, aunque de 1a mano de 1a crítica filológica e histórica.

l. Cf. A. Piñero, «Cómo y por qué se formó el Nuevo Testamento: ΕΙ canon neotestamentario», en Idem (Ed.) Orígenes del Cristianismo. Antecedentes y primeros pasos . Córdoba (Ε1 Almendro) 1991, 339-400.
2. Cf. el apartado «Weiterleben und Wirkung der neutestamentlichen Apokryphen» («Pervivencia e influjo posterior de los apócrifos neotestamentarios» en la obra de W Schneemelcher, NeutestamentlicheApokryphen, 152 ss). Es de señalar que la tradición apócrifa debió tener en España un notable florecimiento y que desde aquí pasó a Irlanda. Mientras que los restos de ella son apenas perceptibles en 1a Península Ibérica, 1a iglesia irlandesa ha conservado notables muestras: cf. 1a obra de Μ. McNamara, The Apocrypha in the Irish Church. Dublín 1975.
3. Apocrifi, 26-27.
4. Evangelios Apócrifos, 8-9.
5. De Santos, Evangelios Apócrifos, 9.

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Ficha del libro

Título: Jesús. La Vida Oculta.
Editorial: Ediciones Esquilo
Autor: Antonio Piñero
ISBN: 978-989-8092-04-5
Formato: 16X23 cm | Nº de páginas: 208 | Tapa dura

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